lamujerdormida

martes, 6 de enero de 2009

Cuento de invierno

... y por sus mejillas una lágrima resbalaba, poco a poco acerqué mi cara y en su mejilla deposité un beso. Ella ya no ha vuelto. Quizás fuera un ángel.


Todos los días y a la misma hora, bajo a la calle a tirar la basura. Me acompaña mi perro, pues sabe que correteará un rato por el parque. Y todos los días y a la misma hora una chica menuda acude al contenedor.
Haga frío o calor, ella siempre está allí, esperando a que yo baje. Todos los días nos cruzamos y todos los días nos miramos, ella con una mirada triste, yo con una mirada esquiva.
Ayer, como por un impulso, agarré una bolsa, y dentro dos tabletas de turrón, dátiles y algunas cosas más que todos los años por Navidad llegan a mi casa, además de una muñeca.
Cuando como todos los días nos encontramos frente a frente, alargué la mano, y mi bolsa azul pasó a la suya, vi que me miraba y por sus mejillas una lágrima resbalaba, poco a poco acerqué mi cara y en su mejilla deposité un beso.
Ella ya no ha vuelto. Quizás fuera un ángel.

(Jesús Hernando – Heraldo de Aragón, 5 enero 2009, pág. 21)

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